EL PRIMER BESO.
La primera chica a la que besé se llamaba Belén. Me refiero al primer beso con lengua. Por supuesto, me gustó, me gustó mucho. Aún hoy recuerdo el relieve de su paladar, pero también recuerdo que me hizo comprender muchas cosas. Cuando acercamos nuestras bocas por primera vez sentí su aliento, sus expiraciones nasales, frías y nerviosas, lo aspiré, lo olí, me recordó a cuando era un niño y corría por las callejuelas de Bemposta detrás de las cabras. A veces les dábamos mondas de patatas y de naranjas. Sus cabezas estaban más o menos a la altura de la mía y sus resoplidos al coger ávidas el alimento era muy parecido a lo que sentí en mi primer beso. No fue desagradable, simplemente me hizo comprender que todos los seres vivos tenemos puntos en común. El aliento. El aliento vital.
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